La Real Sociedad Canina de España expresa su firme rechazo a cualquier prohibición establecida sobre una raza canina.

Las noticias llegadas desde Alemania, con la campaña emprendida por su homóloga alemana, la VDH, para recabar apoyos en contra de una futura normativa que establezca restricciones o prohibiciones para la cría de determinadas razas, entre las que podrían estar los Teckel o el Pastor Alemán, han despertado un gran revuelo y una honda de preocupación entre todos los aficionados a los perros, criadores y entidades de cría de Europa y del mundo entero.

Ante dichas noticias, José Miguel Doval, Presidente de la Real Sociedad Canina de España, entidad fundada en 1911 para el fomento y la mejora de las razas caninas en España, ha expresado lo siguiente: “cualquier actuación que se ponga en marcha en el ámbito político hacia los perros de raza debe contar siempre con la colaboración y el respaldo del mundo científico/académico, así como del mundo profesional, representado por las asociaciones caninas nacionales y los clubes de raza. Las razas caninas son el fruto de una selección realizada desde hace miles de años por el Hombre, siempre con criterios funcionales y buscando la adaptación a condicionantes externos, como el clima, el terreno y, especialmente, el trabajo a desarrollar.

El perro no ha sido nunca un animal de producción, por lo que en su selección no se atiende a criterios de rendimiento en cuanto a carne, pieles, etc… sino que se busca que puedan hacer una labor determinada de la forma más eficaz y eficiente posible. Por tanto, precisamente por esos criterios de eficacia y eficiencia, el perro de raza es un animal básicamente sano, con independencia de la raza a la que pertenezca. Eso no quiere decir, por supuesto, que los perros de raza no estén expuestos a sufrir determinadas enfermedades o problemas, pero es precisamente la cría responsable, certificada, trazable y seleccionada, la mejor manera de luchar contra este tipo de enfermedades, de la mano de la ciencia y los avances en materia genética que se producen a diario. Sólo el cambio de una cría estrictamente funcional hacia una cría recreativa, así como a la proliferación de criadores “de patio trasero” o criadores comerciales masivos e incontrolados, son los responsables de que algunos problemas se hayan extendido entre determinadas razas. La moda, la codicia y también la búsqueda de rasgos hipertípicos son otros de los causantes de estos problemas, pero sólo el establecimiento de medidas de control por parte de las ONC puede ayudar a reducir la incidencia de los mismos.

Prohibir una raza significa acabar con una riqueza histórica y antropológica, dejar fuera de juego a aquellas personas que dedican su tiempo y su esfuerzo a la mejora de dicha raza y, por contra, abrir la puerta a aquellos que crían sin control, que no sienten la necesidad de registrar su trabajo, certificarlo, o de darle un nombre, pudiendo sustituirlo por otro nuevo, inventado y que no obedece más que a criterios de enriquecimiento económico. Por cada raza que se prohíba, habrá otra que la sustituya, aunque sólo sea en el nombre, pero que no podrá ser controlada porque no estará sometida a los criterios que desde hace casi dos siglos se establecen a través de las asociaciones de criadores. Dichas prohibiciones dejarán también a sus anchas a aquellos que, por falta de educación, de conocimiento o de responsabilidad, crían perros de manera aleatoria, sin seguir ningún criterio de selección y, por supuesto, sin dejar huella o registro de los mismos. Los criadores responsables, los criadores que trabajan por su raza en un marco regulado, son los únicos que pueden garantizar la evolución y la salud de las razas caninas puras. Cada año aumenta el arsenal de pruebas genéticas y veterinarias a nuestra disposición para criar perros más sanos y para acabar con enfermedades genéticas y congénitas. Según estudios recientes, la esperanza de vida de los perros de raza es mayor que la de los mestizos, e igualmente en aquellos países con una mayor tasa de perros de raza es donde menos se dan los casos de maltrato y abandono. Las razas caninas no se dan de por si, de manera independiente. Obedecen al trabajo y el empeño de los criadores y de las asociaciones formadas por estos. Abordar cualquier propuesta normativa que ataña a los perros de raza sólo se puede hacer bien si se cuenta con el consenso y el consejo de los criadores, los clubs de raza y las ONC. Atacar las razas caninas es atacar nuestra historia y nuestra cultura. La evolución del Hombre no se entiende sin el perro a su lado. Los perros, a lo largo de la Historia, nos han protegido, han cazado con y para nosotros, han cuidado de nuestros rebaños, de nuestras casas, de nuestros hijos y en tiempos más recientes han ayudado a nuestra policía y ejércitos, nos han rescatado en situaciones de catástrofe, han auxiliado a aquellos que lo necesitan para el desarrollo de su vida cotidiana o, simplemente, han mejorado nuestra vida con su compañía.

Por eso, desde la Real Sociedad Canina de España estamos totalmente en contra de cualquier legislación encaminada a la prohibición o la eliminación de cualquier raza canina.”

 

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